En 1964 Iraido Rodríguez y Emilia Santana, empiezan a freir patatas en un local alquilado de la calle Santa Ursula de Madrid. El local apenas tenía 20 metros cuadrados, la caldera estaba hecha de fabrica y se llenaban todas las bolsas a mano. No había día ni noche, ni sábados ni domingos, ni fiestas ni vacaciones. Iraido freía las patatas, Emilia llenaba las bolsas, y luego salían a venderlas a los domicilios de los clientes. Eran tiempos difíciles, y gracias al empeño que pusieron, fueron saliendo adelante.
Nacieron los hijos, y, como ellos, siempre estuvieron al pie del cañón; fueron educados en ese sentimiento de amor por el negocio.
La empresa fue creciendo e hicieron necesaria la ampliación con los locales colindantes.
Cuando ya no había posibilidad de crecer en este primer lugar, en 1989 construyeron una nave en Villanueva del Pardillo, provincia de Madrid. En 1992 Iraido y Emilia se jubilaron y dieron paso a sus hijos.
Ahora son los hijos quienes llevan el negocio con las enseñanzas recibidas de ellos, con la ilusión de su juventud y la lógica incorporación de los avances tecnológicos y la moderna gestión empresarial.
La empresa actualmente cuenta con una amplia plantilla, que cubre las necesidades del proceso productivo e incluso cuenta con camiones y furgonetas propios que realizan la distribución a nivel nacional.
El fruto de la tradición, experiencia y modernidad, con un nombre propio:Patatas Fritas Marisa ahora lo tienen en sus manos.